El pehuén inspira: cuatro artistas de Villa Pehuenia Moquehue y su vínculo con la araucaria
Hay lugares que marcan a quienes los habitan. Villa Pehuenia Moquehue es uno de ellos. El bosque de pehuenes, el lago, el silencio, el piñón. Todo eso aparece en el arte de cuatro creadores que hacen de estas montañas su hogar y su musa.
Mariela Fritz, escritora
"Caminar bajo un bosque de pehuenes, con sus líquenes colgantes y su corteza rugosa, significa entrar a un portal de ensueño", dice Mariela Fritz, que llegó a vivir en 2014 y se enraizó. Para ella, el pehuén es un árbol impactante, guardián de historias, fósil viviente. "Me une al pehuén su Newen, su energía", define. Escribe porque todo lo que ocurre en el mundo está para que alguien lo cuente. Y qué mejor que desde un lenguaje poético, estético y creativo.



Victoria Piquet Sosa, pintora
Vicky llegó en el año 2000 para ejercer la docencia en escuelas rurales y sintió desde el primer momento una conexión profunda con el lugar. Hoy pinta pehuenes y piñones con una palabra que define todo: gratitud. "Me encanta pintar semillas y piñones. Me inspiran para crear composiciones en las que puedo jugar con el color y el movimiento", cuenta. Y agrega algo que la sorprendió a ella misma: descubrió que su pasión por la montaña tiene raíces en sus ancestros suizos que habitaron los Alpes.




Maru Rovetto, ceramista
Para Maru, el pehuén es símbolo de sabiduría, fortaleza y paciencia. "Crece lento, en tierras difíciles, y sin embargo se alza firme, dando sombra y alimento", dice. Y en esa lentitud encuentra el espejo de su propio oficio. La cerámica se convirtió en su forma de habitar el mundo en Villa Pehuenia Moquehue. "Cada pieza es un encuentro con la tierra, y el pehuén está siempre presente, como guía, como testigo, como raíz." La palabra que elige para definir su relación con los pehuenes es una sola: presencia.




Fernando de Luca, músico
Oriundo de Moquehue, Fernando de Luca tiene con el pehuén el vínculo más profundo de todos: el de quien creció mirándolo. "El paisaje no es solamente algo que uno contempla: también es algo que uno incorpora, que forma parte de la propia manera de sentir y de mirar el mundo", dice.
Para él, el pehuén es símbolo de identidad, de pertenencia y de permanencia. "Tiene una presencia muy particular. Está profundamente arraigado a esta tierra y, al mismo tiempo, tiene una enorme capacidad de resistir y permanecer. Esa imagen me resulta muy cercana y es una de las razones por las que se convirtió en una fuente de inspiración para mi música." Tanta inspiración que le dedicó una canción, un homenaje musical a la araucaria que lleva la identidad de esta tierra a donde él va.

Licenciado en Música, compositor e intérprete, lleva el nombre de Villa Pehuenia Moquehue a cada escenario en el que se presenta, dentro y fuera del país. También enseña música a los niños de Moquehue. Vivir en un lugar tan especial, dice, implica una responsabilidad: conocerlo, valorarlo y preservarlo. "Mi identidad como músico está cada vez más ligada a Moquehue y a la región del Pehuén."
El pehuén los une. Cada uno lo expresa a su manera, con palabras, con colores, con arcilla o con sonidos. Pero todos dicen lo mismo: este árbol no es solo paisaje. Es identidad, es raíz, es casa.
¡Hacemos, cumplimos y crecemos!
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